lunes, 25 de febrero de 2013
miércoles, 13 de febrero de 2013
Paso a paso
Ahí va toda la
verdad
Nunca antes me había
encontrado con un sitio así. Es un lugar impresionante. Está completamente
vacío, no tiene absolutamente nada. Es de color azul y tiene una puerta con
cerradura.
Cuando lo encontré
sólo me gustaba su color. Pero cada vez me iba de allí con más ganas de volver.
De pronto, me sentaba
y dejaba de acordarme de todo lo de fuera. Ya no existían las
responsabilidades, el frío, el aburrimiento, el agobio... Estaba todo prendado
de ese maravilloso color azul.
Me acostumbré a mi
rincón. A tenerlo siempre disponible.
Y poco a poco fui
perdiendo casi todo lo que tenía intrínsecamente dado. Se fueron mis
ambiciones, mis ganas de recorrer otros lugares, de probar a abrir otras
puertas…
Dependencia bendita.
Sabía que todo era
una ilusión desde el principio. En realidad el azul no era tan brillante ni la
habitación tan maravillosa, pero a mí me gustaba pensar que sí. Me gustaba
entrar allí y no tener que pensar en nada más.
Y por eso no consigo
asumir que perdí la llave. Sin poder volver allí me encontré de frente con todo
lo que llevaba evitando tanto tiempo.
Ahora no hay
ningún otro lugar donde consiga evadirme.
Lo peor es el
recuerdo de que una vez tuve la llave colgada al cuello tan bien amarrada que
pensaba que dependía sólo de mí deshacer ese nudo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)