miércoles, 13 de febrero de 2013

Paso a paso


Ahí va toda la verdad

Nunca antes me había encontrado con un sitio así. Es un lugar impresionante. Está completamente vacío, no tiene absolutamente nada. Es de color azul y tiene una puerta con cerradura.

Cuando lo encontré sólo me gustaba su color. Pero cada vez me iba de allí con más ganas de volver.

De pronto, me sentaba y dejaba de acordarme de todo lo de fuera. Ya no existían las responsabilidades, el frío, el aburrimiento, el agobio... Estaba todo prendado de ese maravilloso color azul.

Me acostumbré a mi rincón. A tenerlo siempre disponible.

Y poco a poco fui perdiendo casi todo lo que tenía intrínsecamente dado. Se fueron mis ambiciones, mis ganas de recorrer otros lugares, de probar a abrir otras puertas…

Dependencia bendita.

Sabía que todo era una ilusión desde el principio. En realidad el azul no era tan brillante ni la habitación tan maravillosa, pero a mí me gustaba pensar que sí. Me gustaba entrar allí y no tener que pensar en nada más.

Y por eso no consigo asumir que perdí la llave. Sin poder volver allí me encontré de frente con todo lo que llevaba evitando tanto tiempo.
Ahora no hay ningún otro lugar donde consiga evadirme. 

Y no sólo eso.

Lo peor es el recuerdo de que una vez tuve la llave colgada al cuello tan bien amarrada que pensaba que dependía sólo de mí deshacer ese nudo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario